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Semana Santa
Moya
Arcas del villar

La Semana Santa es para Cuenca una de sus fiestas mayores y buena prueba es el hecho de que en los últimos cincuenta años se han conformado multitud de nuevas cofradías.

Además del componente religioso y de alguna manera estrechamente vinculado a él, está el componente escenográfico y popular. En los últimos años, las procesiones se han complicado a todo lo largo y ancho de la provincia, de manera que contamos ya con bastante lugares dignos de visitarle durante los días de Jueves y Viernes Santo, como Tarancón, con su Pasión Viviente, San Clemente, Mira, las Pedroñeras, Priego y El Provencio, con procesiones muy bien estructuradas, así como otros pueblos más pequeños de la Serranía o de la Alcarria, de ritos más recogidos, pero muy entretenidos y entrañables tanto por su propia esencia como pr el escenario en el que se desarrollan.

En Cuenca capital, los antecedentes históricos fechan la tradición de cofradías penitenciales ya en la Edad Media, aunque hay que remontarse al siglo XVII para encontrar las raíces de las dos comunidades religiosas más activas en la ciudad, agustinos y trinitarios, que organizaron las primeras procesiones. También es en esta época cuando se forman las cofradías gremiales que aún perviven aunque con mucha menos fuerza: la hermandad de hortelanos, comerciantes, zapateros y curtidores..., es a comienzos de nuestro siglo cuando el proceso de evolución vuelve a comenzar y parece que aún está en ello. Cada año aparecen y se forman nuevas cofradías con sus imágenes.

Las procesiones comienzan con la del Domingo de Ramos, que commemora la entrada de Jesús en Jerusalen a lomos de la popular borriquilla, acompañado por multitud de palmas y olivos. El Martes Santo tiene lugar la Procesión del Perdón, el Miércoles Santo la del Silencio, el Jueves Santo la de la Paz y Caridad. El Viernes Santo son tres las procesiones: Camino del Calvario, al amanecer, Jesús en el Calvario, a mediodía, y el Santo Entierro, al caer la tarde. La mañana del Domingo de Resurrección pone el broche procesional con la gozosa procesión de Jesús Resucitado.

Es tradición que sean las vestiduras, tanto o más que sus imágenes, el principal signo distintivo de las hermandades. Las formas y colores de túnicas, capas y capuces, además de los cíngulos, rosario, escudos, etc. son característicos y diferentes para cada una de ellas y es interesante señalar que la vida espiritual de estas hermandades se mantiene a lo largo del año en un claro sentido de la solidaridad gremial, aunque es cierto que no conserva la fuerza y plenitud que tuvo en sus orígenes.

Como en el resto de pueblos y ciudades de España, para las procesiones los cofrades se distribuyen en dos grupos: los nazarenos, que formarán en dos filas escoltando las imágenes, y los banceros encargados de llevar éstas al hombro, honor al que se accede mediante subasta. En las cofradías más antiguas suelen abonarse fuertes cantidades de dinero. Los banceros cargarán durante siete u ocho horas con varias toneladas de peso sobre sus espaldas, penitencia que, como se ha señalado, se considera un privilegio y se lleva con fervosa alegría.

El paisaje, el increíble entramado ciudadano en el que se desarrollan las procesiones en Cuenca Capital es uno de los elementos que contribuye a prestarle su profundidad y belleza. Cualquiera que sea su lugar de origen y destino, todas ellas hacen la subida a la Plaza Mayor, en un esfuerzo titánico por parte de los banceros, y en un escenario casi fantasmal, en sombras en algunos trechos, en otros sumergidos en una brillante luz que, al jugar con la vestimenta multicolor de cofrades y penitentes ofrece a los sentidos un espectáculo fascinante, fantástico y único. Las bandas de música acompañan la procesión alson de la doliente música, nque se interrumpe en ocasiones para dejar oir un Miserere, melodía del autor anónimo extraída de un salmo penitencial y hecha para cantar a capella por voces masculinas.

Muy curiosa es también la presencia de las turbas, en la madrugada del viernes, que representa a la turba auténtica que acompañó a Jesús durante su pasión. Van provistos de tambores y clarines.